La puerta en la chimenea
La pequeña niña se despertó de un susto, había escuchado un ruido escaleras abajo. Siempre que se desvelaba en su nueva casa rural no podía volver a dormir hasta que no supiera que es lo que la había despertado, así que rápidamente cogió su linterna y b ajó las escaleras.
Escuchó un corretear de patas que provenía del salón. Una vez allí vio claramente como un conejo blanco se escabullía por una puerta en la chimenea y la cerraba tras de sí. La chiquilla se sorprendió ya que nunca había visto esa pequeña puerta. Al abrirla descubrió un largo pasillo con telarañas y una luz al final. Su infantil curiosidad le llamó a entrar sin siquiera pensar en nada más.
Se introdujo con dificultad y fue esquivando las telarañas y los múltiples bichos que salían de las paredes terrosas. Al final del túnel descubrió, más estupefacta que aterrorizada, un gran abismo de una profundidad inmensa y rodeado de tinieblas, en lo profundo un agujero negro con estrellas emanando de él, y en el centro la nada, no era negro pero tampoco blanco, no tenía color ni luz pero brillaba, era hipnótico, era caótico.
Y entonces cayó.
Escuchó un corretear de patas que provenía del salón. Una vez allí vio claramente como un conejo blanco se escabullía por una puerta en la chimenea y la cerraba tras de sí. La chiquilla se sorprendió ya que nunca había visto esa pequeña puerta. Al abrirla descubrió un largo pasillo con telarañas y una luz al final. Su infantil curiosidad le llamó a entrar sin siquiera pensar en nada más.
Se introdujo con dificultad y fue esquivando las telarañas y los múltiples bichos que salían de las paredes terrosas. Al final del túnel descubrió, más estupefacta que aterrorizada, un gran abismo de una profundidad inmensa y rodeado de tinieblas, en lo profundo un agujero negro con estrellas emanando de él, y en el centro la nada, no era negro pero tampoco blanco, no tenía color ni luz pero brillaba, era hipnótico, era caótico.
Y entonces cayó.
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